Imágenes › Magritte, el pintor del intelecto

(13/01/2012)
The Reckless Sleeper, 1928. Tate © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Wien, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
La Representation, 1937. Scottish National Gallery of Modern Art © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Wien, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
Les Amants/Die Liebenden, 1928. New York, The Museum of Modern Art. Gift of Richard S. Zeisler © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Vienna, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
Le paysage de Baucis/ Die Landschaft der Baucis, 1966. Houston, The Menil Collection © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Vienna, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
L`assasin menacé/Der bedrohte Mörder, 1927
New York, The Museum of Modern Art © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Vienna, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
Le baiser/Der Kuss, 1951. Houston, Museum of Fine Arts © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Vienna, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
Personal Values (Les Valeurs personnelles), 1952. Museum of Modern Art, San Francisco © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Vienna, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
The Spirit of Geometry, 1937. Tate © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Wien, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
Le Miroir Magique, 1929. Scottish National Gallery of Modern Art © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Wien, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.

(13/01/2012)
The Annunciation, 1930. Tate © Charly HERSCOVICI Brussels - 2011 © VBK Wien, 2011
Para René Magritte (1898-1967), pintar fue sólo la herramienta con la que lanzar sobre un plano un ideario torrencial y lúcido sobre el problema de la representación, adelantándose al elenco descomunal de artistas que han urdido sus discursos sobre los deslizantes negociados de lo real. No fue Magritte un buen pintor porque no quiso serlo. No era ésa la batalla de los surrealistas. Su estilo fue impersonal y más bien frío, pues prevaleció siempre la voluntad de hacer circular el pensamiento a cualquier otro aspecto de naturaleza emocional o evocadora. Fue Magritte un pintor del intelecto, un artista de enorme habilidad en el manejo de las ideas, sagaz y profundamente conceptual. La extraordinaria exposición que recala ahora en la Fundación Albertina de Viena procedente de la Tate de Liverpool, con quien ha sido coproducida, recorre todas las etapas del artista y se detiene especialmente ante lo realizado entre 1926 y 1930, un lustro de furiosa actividad en el que pudo realizar más de 300 pinturas y avanzar muchos de los que serían sus mayores logros.