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Buenos días  

Clara Sánchez

"Nos ha costado demasiado creernos la trama de los niños robados"

Acaba de publicar su última novela, 'Entra en mi vida'


ALBERTO OJEDA | 21/03/2012 


Clara Sánchez. Foto: Karina Beltrán

La abyección del ser humano no conoce límites. Basta leer las páginas de sucesos de los periódicos o el relato de algunos capítulos truculentos de la historia universal para comprobarlo. Pero es difícil imaginar algo más cruel que arrebatarle a una madre su hijo recién nacido para venderlo y sacar con ello unos cuantos billetes. En España eso ha ocurrido a una escala que las investigaciones periodísticas de los últimos años no dejan de acrecentar. Algo que parecía puntual, limitado a unas pocas clínicas, ahora se sabe que se extendió como un tumor a casi todo el país y afectó a miles y miles de personas. Clara Sánchez, como ya hizo Inma Chacón con Tiempo de arena (finalista del Planeta), ha buceado en las traumáticas consecuencias del tráfico de niños en las familias que lo padecieron. En Entra en mi vida (Destino), su novela posterior a Lo que esconde tu nombre (con la que ganó el Nadal y está arrasando en Italia: ¡400.000 ejemplares vendidos!), narra el empeño de Verónica, una joven de 18 años, por vengar a su madre, que perdió la ilusión en una de esas clínicas de pesadilla.

Pregunta.- Como mujer y como madre te puedes poner en el lugar de esas madres a las que arrebataron sus hijos nada más nacer, pero ¿has tenido contacto con alguna víctima de la trama que te haya acercado más todavía al drama que relatas?
Respuesta.- Tengo dos amigas muy cercanas de mi edad que sospechaban que eran adoptadas y que su adopción había sido ilegal. Una de ellas, cuando lo descubrió, me preguntó si debía investigar cuál era su familia biológica. Yo la aconsejé que no. Antes se pensaba que era mejor no remover esas cosas, que podía desestabilizar tanto a los adoptados como a las familias. Me arrepentí mucho después de ese mal consejo. Y siempre me ha coleado en mi conciencia.

P.- ¿Le libera en cierto modo escribir este libro? ¿Cómo cree que puede afectar a las personas que han padecido semejante trauma?
R.- Bueno, no es una novela escrita con fines terapeúticos para nadie. Aunque creo que a las víctimas les puede ayudar en el sentido de compartir sentimientos. A mí me hubiera gustado ser como Verónica si me hubiera pasado algo así, alguien que no se conforma y que lucha por encontrar la verdad, aunque eso pueda provocar una convulsión en la vida de mucha gente. Yo me he ido contagiando de esa vitalidad mientras escribía. De hecho, creo que la novela, a pesar de contar hechos tan dolorosos, no es una historia triste sino de personas de voluntad decidida que quieren tomar las riendas de su destino.

P.- Es también un reivindicación de la maternidad, de cómo una hija puede relevar en una batalla a una madre cuando ésta flaquea...
R.- Es impresionante cómo una madre configura el carácter de sus hijos. Cuando somos pequeños reconocemos el mundo a través de su cara. En sus gestos aprendemos la alegría, la tristeza, el desagrado... Es lo que le pasa a Verónica, que siempre vio a su madre preocupada, afectada por una zozobra constante. Cuando se entera del motivo de sus pesares, siente una rabia profunda y es la que le lleva a vengarse de los que la hicieron una infeliz. No la mueve el odio, sino el amor a su madre.

P.- ¿Puede haber algo más abyecto que quitarle a una madre su hijo recién nacido?
R.- Pues muy pocas cosas más. Es un acto que se aprovecha de varias debilidades. La primera, la de la madre, que en el momento del parto vive uno de los momentos más delicados de toda su vida. Está cansada y aturdida. Y segunda, la del bebé, con el que se puede hacer lo que se quiera, claro. Además, en su momento lo hacían personas que gozaban de confianza gracias a sus hábitos y su posición social: médicos, enfermeras, monjas... Gente de la que no solemos dudar.

P.- Escribir esta novela también le ha revelado algunas circunstancias confusas de su propio parto en Madrid, ¿no?
R.- Sí, yo vivía en Alicante pero vine a Madrid a hacer unas gestiones y me puse de parto. Mi marido no estaba conmigo pero mi madre, que sí estaba en la clínica, le advertía a todo el mundo que entraba en la habitación que yo no era madre soltera. A mí me daba vergüenza y le pedí que no lo dijera más. Ella me contestó, muy seria: "Tú no sabes, tú no sabes...". Ahora lo he comprendido lo quería decir. Había algo que circulaba en el ambiente, en las conversaciones de las mujeres... Se sabía de manera vaga lo que podía suceder en aquellas clínicas…

P.- ¿Qué grado de responsabilidad se le puede atribuir a la burocracia franquista sobre aquellos hechos? Porque en la dictadura militar argentina los beneficiarios en muchos casos eran los propios militares y sus familias, pero aquí no.
R.- En una dictadura puede suceder las cosas más turbias. Pero esta trama nació durante el régimen, sí, pero llegó hasta los noventa e incluso el dos mil. De hecho, la historia que yo cuento parte ya en la democracia, a principios de los ochenta, que es cuando nació mi hija. Me aterrorizaba que a mí me hubiera podido suceder algo así. Y es que cualquiera pudimos ser víctima de aquella trama, porque no sólo la sufrieron madres solteras y con pocos recursos sino también gente de clase media.

P.- ¿Cree que la justicia española ha sido lo diligente que cabría desear en para depurar las responsabilidades de lo ocurrido?
R.- No, no lo ha sido. Nos hemos ido enterando sobre todo gracias a una encomiable labor periodística. Aunque es muy buena noticia que ahora ya exista un fiscal específico que se ocupa de este asunto. Pero también hay que decir que es un asunto muy delicado, porque a quienes lo han sufrido no se les puede pedir que se comporten como héroes. Es normal y muy humano que muchos de ellos no quieran mirar atrás y escarbar en aquel trance. Pero a lo que sí lo desean la justicia tiene la obligación de ayudarles.

P.- Dice que no ha querido hacer periodismo ni ensayo sobre la desaparición de niños en España, sino literatura. Es algo en lo que hace mucho hincapié.
R.- Es verdad que es una obra muy pegada a la actualidad. A medida que escribía se iban desvelando detalles de la trama. Pero no es periodismo. Yo he escrito una novela, porque la literatura es capaz de contar lo que, a priori, no se puede. Un lector español no podrá disociar la trama de lo ocurrido en su país. Pero para un lector de otro país, Entra en mi vida será como un thriller psicológico, una mezclar entre Hichtcock y Otra vuelta de tuerca. Creo, de hecho, que en España esta trama ha durado tanto tiempo porque nos ha costado demasiado creernos algo así, nos parecía algo de película, algo imposible de darse en la realidad.




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