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Nueva oportunidad para Franciso Ayala

La publicación de sus Obras completas abre nuevas vías de interpretación de su narrativa y pretende romper la asociación automática del autor granadino al exilio.



ALBERTO OJEDA | 13/03/2012 


Franciso Ayala. Foto: Begoña Rivas.

La literatura de Francisco Ayala (1906-2009) tiene una nueva oportunidad de ser leída desde cero. Un autor tan sujeto a equívocas etiquetas es clave que sea sometido a una relectura. Galaxia Gutenberg brinda a los lectores llanos y también a críticos y académicos esa posibilidad con la publicación de sus Obras completas, cuyo tomo primero ha sido presentado en la sede de la editorial esta mañana, con su viuda, la hispanista Carolyn Richmond, como maestra de ceremonias, acompañada del editor Antoni Munné, José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española y Manuel Gómez Ros, de la Fundación Francisco Ayala.

Precisamente ella abre el telón de la compilación, con un prólogo en el que ha pretendido "ofrecer una nueva visión sobre su obra, porque los críticos se han repetido mucho unos a otros a la hora de valorarla, y se han dicho muchas idioteces: no se puede cortar la obra de un autor en etapas como si fuera un folio, es todo mucho más complejo". Richmond lamenta la asociación casi automática de su marido con el exilio, una asociación que ha tenido gran vigencia (todavía la tiene) en los manuales lectivos que intentan explicar la literatura española del siglo XX.

¿Tanto daño le ha hecho ese marchamo con que se marcó su obra tantos años? Un marchamo que, paradójicamente, en otros casos, ha servido para dotar a sus portadores de una gran popularidad. Antoni Munné, responsable de la edición, ensaya una respuesta: "Yo me acuerdo de cuando llegó a España, a principios de los 60. Era difícil ubicarle. No era un rojo canónico, con su camarilla detrás que lo aupase. Tampoco era un hombre de derechas, porque se sentía un liberal abierto y flexible. Eso le perjudicó y le costó bastante encontrar a sus lectores".

En sus últimos años, sin embargo, se le fue haciendo justicia. El centenario ayudó en gran medida a la difusión de su obra. También el hecho de que mantuviera una insólita a lucidez hasta casi el final de sus días. La evidencia de que Ayala era un escritor que combinaba la tradición con una tremenda modernidad empezó a abrirse paso. Esa ambivalencia de su narrativa es la que ensalza Carolyn Richmond en su texto introductorio: "Es el suyo un estilo a la vez clásico y moderno, donde se puede rastrear la influencia de lecturas del Siglo de Oro -sobre todo Cervantes y Quevedo- por una parte, y por otra, de los románticos, posrománticos y realistas del siglo XIX, o bien de los noventayochistas y vanguardistas de comienzos del XX".

Jose María Blecua, director de la RAE, en la que Ayala ingresó en 1983, ha hecho hincapié en ese cordón umbilical que une a Ayala con Cervantes, con una escala intermedia también de peso: Benito Pérez Galdós. "En su primera novela, que escribió con 16 años, en la mesa del comedor mientras sus hermanos jugaban y hacían ruido, cada uno de sus capítulos llevan sus títulos". Un detalle para Blecua que deja entrever el linaje del que provenía la narrativa ayaliana.

Esa novela, Tragicomedia de un hombre sin espíritu, publicada en 1925 (¡cuando Ayala contaba sólo 19 añitos!), también incorpora ya la vertiente rupturista que tanto cultivó a posteriori el autor granadino: la que forzaba las costuras de los géneros hasta hacer estallar sus fronteras. "La fusión entre ficción y realidad fue un juego al que se entregó desde siempre. Desde Tragicomedia de un hombre sin espíritu hasta el relato El filósofo y un pirata, su última obra de invención, de 1999. Había gente que confundía sus artículos de prensa con cuentos, y al contrario también sucedía". Esa disolución de los límites entre imaginación y experiencia también provocó alguna marejada en su relación de pareja: "Al principio, cuando estábamos empezando nuestra historia en común y leí algunos pasajes de El jardín de las delicias, me entró un ataque de celos que me duro 2 meses".

El tomo I de estas obras completas recoge todo ese caudal narrativo de Ayala, que sólo se cortocircuitó durante nueve años, durante la guerra civil y sus prolegómenos. Además de Tragicomedia de un hombre sin espíritu, están Historia de un amanecer (1926), y a continuación los textos vanguardistas que componen El boxeador y un ángel (1929) y Cazador en el alba (1930). Y tras la guerra, vendrían sus obras más importantes, entre ellas Los usurpadores (1940), La cabeza del cordero (1949 y El jardín de las delicias (1971).

En todas ellas dejó encriptado quién fue Francisco Ayala. Así lo confesó él mismo: "Uno escribe siempre su propia vida, sólo que, por pudor, la escribe en jeróglifico".



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