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Juan López

"Evolución no siempre implica progreso"



BEA ESPEJO | 08/05/2012 


Juan López en el Centro de Arte La Panera. Foto: Jordi V. Pou

Varias exposiciones individuales importantes van a colarse este 2012 en el CV de Juan López. La primera es A la derriba, un proyecto en La Panera de Lérida en el que, virtualmente, derriba los muros de la sala de exposiciones para ver lo que ocurre fuera. El 5 de junio le sigue una en La Fábrica Galería, en Madrid y, en otoño otro proyecto en la galería Nogueras Blanchard. En cada uno de estos espacios, el artista buscará zonas de comunicación, el verdadero espacio de su trabajo. Convertimos esta entrevista en una de ellas.

Hasta hace poco no disponía más que de una mesa de escritorio para el ordenador y poco más. Ahora tiene un hueco en un garaje que le hace las funciones de estudio. Juan López (Alto Maliaño, Cantabria, 1979) dice no tener un sentimiento fuerte de propiedad sobre las cosas materiales. Le gusta más relacionar el concepto de habitar con el de observar. Para él construir es reinterpretar. Lo hace en los espacios que interviene como si fuera su taller, ya sea una galería, un aeropuerto, un centro de arte o la calle principal de una gran ciudad. Y discretamente: “Hay una intención de hacer las cosas sin molestar demasiado”, dice.

Todos empiezan siendo un papel en blanco y acaban convertidos en plazas públicas: espacios abiertos, simbólicos, centros por excelencia de la vida urbana. “El proceso de trabajo para las intervenciones es conocer previamente el lugar a intervenir. Fotos, planos y medidas son siembre bien recibidos. Después, hay un trabajo de bocetos digitales y en papel interviniendo las fotos del lugar. Una vez elegida la temática, selecciono imágenes para hacer los dibujos. Voy almacenando fotos en un archivo personal de cosas que me parecen interesantes, y si no hay lo que necesito, salgo a la calle a buscar esos elementos y documentarlos fotográficamente. Cuando llego a los montajes voy con una base del dibujo ya preparada, pero luego muchas cosas surgen o cambian en cuanto empiezas a instalar. Es en este punto en el que la sala se transforma en mi taller, ya que el proceso continúa allí”, explica.

Derribando la deriva

En el Centro de Arte La Panera de Lérida lleva instalado las últimas semanas. Hoy todo está listo para inaugurar A la derriba, un proyecto que sigue la estela de sus anteriores intervenciones murales en las que intenta modificar la arquitectura por medio del dibujo. ¿El objetivo?: “Intentar ver las cosas desde otro punto de vista”, añade. Juan López llevaba un tiempo trabajando sobre cómo integrar las videoproyecciones en sus murales para añadirles movimiento. Lo explicaba a El Cultural hace algo más de un año, desde el Tokyo Wonder Site, una residencia para artistas en la que estuvo durante varios meses. En esta exposición, la incorporación del vídeo le permite animar los dibujos estáticos de cinta aislante y vinilo, esos que se han convertido en su sello distintivo, y crear un gran collage de imagen en movimiento y dibujo en línea.



Vista de la exposición A la derriba en La Panera. Foto: Jordi V. Pou


Lo que el artista propone es abrir el espacio de La Panera a la calle a través de la simulación de la rotura de los muros de la sala con dibujo y vídeo. Unos huecos en las paredes que dejarán ver grabaciones reales del otro lado de cada pared del edificio que irán proyectados en los dibujos de esas roturas. Una “destrucción” del espacio interior para extraerlo a la ciudad y, a la vez, hacer que la ciudad forme parte de su interior. Algo así como derribar los muros del museo: “Todas las lecturas de este proyecto son bien recibidas. El museo se rompe y el contenedor de arte se relaciona directamente con lo cotidiano. Podríamos hablar sobre el binomio arte-vida o, simplemente, de una actitud para afrontar el día a día. También, al simular una rotura de los muros, se pone más en evidencia lo que soportan las columnas que caracterizan el espacio de La Panera. En un principio, el encargo era para intervenir la sala de las columnas y, al final, sin tocarlas, participan del proyecto de una manera evidente. Las roturas funcionan como metáfora de la idea de ruina de un sistema caduco y de una sociedad desorientada”, explica. Mucho de eso dice ya el propio nombre del proyecto: “Con ese título, A la derriba, quería unir la temática obvia de la exposición, tumbar los muros, con el concepto “sin rumbo fijo”. Me parece interesante la definición de la frase referida al mundo del mar y el gobierno de una embarcación: ‘Situación en la que se encuentra una embarcación o un objeto cualquiera que flota sin gobierno a merced del viento y las corrientes'. Me parecía muy apropiado para los tiempos en los que estamos. Asistimos a un desmoronamiento del sistema económico como lo hemos conocido hasta hoy. Todo tiene pinta de que va a cambiar bastante, y no necesariamente a mejor. Evolución no siempre implica progreso. Y ya que todo está cambiando, aprovechemos la reconstrucción para organizar mejor las cosas. Ten fe”, dice.

Lo dice ahora y lo dijo hace diez años, con una de sus primeras obras, de 2002: un bajo relieve realizado con cúter en pósters acumulados uno encima de otro en una de las calles de Cuenca, ciudad en la que cursó Bellas Artes cuando la facultad era todavía un referente para los artistas. Allí coincidió con profesores como Armando Montesinos, José Luis Brea u Horacio Fernández; gente que ahora trabaja en la música, el diseño o la fotografía, con quienes idearon, incluso, una revista web, www.eroina-rgb.com, y trabajaron como colectivo bajo el nombre de Zumo Natural.

Zumo de letras

En sus trabajos de entonces y de ahora, el lenguaje siempre aparece exprimido, lleno de distorsiones con mucho jugo: Para tu tara, Satán mola, El lugar del arte/El Lute, Numerosis, Catalonia is hot Spain, Con el caos verás mista la raza... “La idea siempre ha sido la de sacar algo nuevo a partir de lo que ya está establecido, con la doble intención de hacer ver que se pueden leer las cosas de distinta manera a como nos las presentan y la de afrontar las situaciones cotidianas con cierto humor. Supongo que hay algo de resistencia poética en todo esto”, explica. También mucha profundidad positiva.

Desde sus primeras intervenciones en Cuenca y Valencia, las que hizo en La Casa Encendida y en la Fundación Botín en 2005 o las de Valparaíso, en Chile, en 2010; su paso por la Fundación Joan Miró en 2009 a sus exposiciones en las galerías La Fábrica (2008) y Nogueras Blanchard (2009), en las que este 2012 repite, Juan López va lanzando mensajes al público con intención de despertar curiosidad. Muchas veces empatía. Él la tiene con la sencillez y la crudeza del punk-rock, los videojuegos de EA Sports, el falso documental que encierra la serie Trailer Park Boys y el humor inteligente de Faemino y Cansado. Suele decirse que sus trabajos toman como referencia las subculturas urbanas relacionadas con movimientos juveniles, que se relacionan con los graffitis, las pintadas callejeras, las vallas publicitarias... Aunque, ¿todas las lecturas son correctas? ¿Hay tópicos que te gustaría matizar?: “Sí, el tema de relacionarme directamente con el graffiti por hacer murales y tener algunos trabajos en la calle. No he cogido un bote de spray en mi vida. También está lo de que utilizo materiales de desecho. Quizás alguna vez, pero no siempre”.

-¿Y qué es para ti el espacio urbano?
-Paisaje.

-Y, ¿qué te interesa del lenguaje publicitario?
-El modo imperativo de sus verbos y su gigantismo. Enganchan y asustan a partes iguales.





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