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Miércoles, 24 de septiembre de 2014
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Buenos días  

Antonio Luque

"La poesía es un ingrediente para componer, por eso no la consumo"

El músico sevillano presenta estos días su nuevo disco, '¡Menos samba!', uno de sus trabajos más inspirados


MARTA CABALLERO | 17/03/2012 


Antonio Luque, Señor Chinarro

Anda Antonio Luque nervioso esta mañana porque ha descubierto una errata en la contraportada de su nueva novela, Exitus, que saldrá a comienzos de abril. Y anda también cansado porque después de todo el proceso de producción del libro, aquel libro "gordito, que pese", que prometió hace un par de años, le viene también el estrés de la presentación de su otra nueva criatura, el disco ¡Menos samba!, quizá el mejor que ha compuesto en los últimos años. En él un Chinarro inteligente y depurado continúa por la línea del compromiso, pero la riega de humor. ¿Cantautor? No, no es para tanto. Samba habrá poca, pero hay ritmos de los 90, hay flamenco, hay una ranchera y hasta sevillanas. Pero, sobre todo, hay buena poesía, una metáfora cada vez más afilada que vuelve a confirmarlo como uno de los mejores compositores en español. "Son letras más corrientes, más planas y mezclo más estilos. No va a llegar a mucha gente", juzga él. Está muy equivocado.

Pregunta.- No sé ni por dónde empezar. Tras las primeras escuchas de los 19 temas que contiene ¡Menos samba! no sabe una si ha salido de un disco optimista o de todo lo contrario...
Respuesta.- No lo tengo claro. Si te digo la verdad, lo tengo distorsionado el recuerdo porque he estado con el libro. Diría que es un disco nietzscheano, crítico pero en el que a la vez propongo una solución, porque la voluntad es la única salvación que nos queda. Lástima que los nazis lo pillaran para ellos... Pero eso no le quita nada.

P.- Pero entonces, ¿optimismo o qué?
R.- Yo soy un privilegiado y vivo de la música y a la vez sé cómo está todo, pero animo a todo el mundo a que encuentre su vocación. Es difícil en el momento en que estamos... y sobre todo en el país que estamos.

P.- Le ha salido largísimo, podría haber sacado dos discos.
R.- Sí, lo que habría hecho un músico normal o un sello más normal es meter luego uno de caras b o sacar un EP más tarde. Yo empecé a preguntar qué canciones quitaba y cuáles dejaba y cada uno me decía una cosa, así que decidí meterlo todo. Luego ves lo que dice la gente, la crítica, el tío de Twitter, y te sorprende lo que habrían elegido. Ya no puedes hacerle caso ni a los de tu grupo. Pero como hoy los discos acaban en un iPod o en un iPhone, la gente meterá las que quiera y escuchará las que quiera. Así pasó con La chica del momento, que saqué de Presidente, mi disco anterior, y luego a todo el mundo le encantaba.

P.- Dice que sus letras son aquí "simples". Yo veo que sus imágenes poéticas están en muy buena forma. ¿Ha estado leyendo mucho? ¿Se está depurando?
R.- La poesía es un ingrediente para componer, por eso no la consumo. Ahora como estoy con la novela lo que he tenido que hacer es leérmela cinco veces seguidas ¡no paro de leerme a mí mismo! No sé qué influencia tendrá eso en la música. Justo antes estuve leyendo Suave es la noche. Procuro leer cosas antiguas que sabe uno que están bien y que no ha leído en su momento porque no las ha tenido, como El barón rampante, de Italo Calvino.

P.- Le están felicitando mucho por los arreglos, los músicos y sus atrevimientos musicales.
R.- Hay que señalar la gran producción de este disco, hecha en un estudio que dista mucho de ser el más equipado de España. Lo que quería era adaptarlo a la situación de venta de discos, a los nuevos tiempos, no tanto por restricciones económicas sino por hacerlo coherente invirtiendo menos. Nos basamos en las maquetas que hice en el ordenador y luego trabajamos con la ejecución de Marc Greenwood, los arreglos de vientos, con gente que toca en bandas, que lo hicieron muy bien y gratis...

P.- Leo también -en sus letras y en los medios- que ha pasado de la nostalgia del cuatro pistas de cassette a las nuevas tecnologías.
R.- El cuatro pistas lo tengo y me gusta el sonido, aunque hace tiempo que no lo cojo. Es que ahora me preocupo menos por estas cosas, dedico más tiempo a cuidar las letras.

P.- Está explorando todos los rincones de la música popular: en este disco tan pronto se pone dylaniano como se arranca por rancheras. ¿Es un reto personal?
R.- Es porque no me gusta aburrirme. Por no aburrirme hice un grupo cuando en el instituto hablaban de ordenadores o fútbol. Me da igual si algo que ya he hecho ha tenido buenas críticas, no lo voy a repetir, no voy a caer en la trampa de la que pretendía escapar. Tampoco es que esté investigando ni se trata de escuchar Discópolis o de decir, venga, como hay Mundial, voy a hacer música africana como los Animal Collective. No, hay veces que sin darte cuenta has hecho una canción sobre el ritmo que escuchas en la calle, por ejemplo, el de un merendero de ahí al lado que pone música caribeña. Luego reorganizas eso que te vas encontrando. Y trato de hacerlo natural.

P.- ¿Y cómo se le ocurre empezar con una sevillana, con la manía que le tiene usted a la idiosincrasia de su ciudad?
R.- No la odio tanto... Tengo bastante con no ir a la Feria y, mira, igual este año voy. No hay que decir de esta agua no beberé. He leído que esta canción, La plaga, tiene un tono de película de Berlanga y me encanta, qué mejor manera de criticar que hacer una especie de sevillana medieval, qué mejor que darle ese toque oscuro y tan triste que tiene mi ciudad. El capitalismo feroz se parece mucho, mucho al feudalismo.

P.- Ya que nombra el capitalismo, lo que tiene el disco es mucho compromiso. Parece usted un cantautor.
R.- Hay que fijarse en la portada de José Pablo García para ver que mi visión del mundo tiene mucho de caricaturización, como lo presentarían Ibáñez o El Roto. En ellos hay una voluntad de mejora pero no un programa político. Muestro mi voluntad de reorganización, más que nada por estar yo más tranquilo. Y, además, en la medida en que tengo ya una edad no es raro que deje yo una visión política, la mía.

P.- Tira mucho de expresiones populares y dice en el disco que "nuestros hijos pagarán los platos rotos".
R.- Sí, hablo de esto y hablo de las comilonas estas que se pegan los jefes de Estado en las cumbres, por ejemplo. ¿Por qué no se reúnen por videoconferencia tanto que hablan de nuevos modelos de negocio? No, ellos se pegan unos lotes de coca y de putas... Y ríete tú de los músicos, que al lado de ellos somos los seises de la catedral. Son unos golfos. Los hijos acabarán haciendo lo mismo que los padres mientras el planeta aguante.

P.- ¿Y su novela? ¿Ha disfrutado escribiéndola? ¿De qué va?
R.- Va de un chico, de un chaval que se tiene que buscar la vida. En su casa hay un accidente y el padre muere, así que se va con un compañero a Estados Unidos y allí coge cierta querencia al robo y a la estafa y a cometer muchos errores. Habla de que es imposible hacer las cosas bien: al protagonista de mi novela, como a mí, lo sumen a una situación cada vez más difícil en paralelo a un problema de salud que tiene. Son 512 páginas, creo que está guay, estoy contento y me ha hecho reir. Ahora estoy escribiendo otra, me gusta escribir. La relación entre el esfuerzo y la recompensa no será la que obtenga con la música, pero me gusta.



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