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Chester Brown y la alegre memoria de sus putas

El dibujante canadiense publica Pagando por ello, en el que recrea a modo de diario cómo se convirtió en un putero y se convenció de que la prostitución no debe legalizarse sino "naturalizarse"

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MARTA CABALLERO | 24/10/2011 


El dibujante e historietista Chester Brown.

¿Pagar por sexo es otra forma de amar y de ser amado? Chester Brown (Montreal, 1960), uno de los vértices del nuevo cómic underground de Estados Unidos y Canadá, así lo cree. O al menos, este putero militante estima que en este intercambio comercial uno puede descubrir sentimientos amorosos que pueden ser solo de uno o, en algunos casos, darse en ambas direcciones. Brown, autor de clásicos como Nunca me has gustado, íntimo amigo de los también dibujantes Joe Matt y Seth, protagonistas además de sus libros, y también de Robert Crump, quien le dedica un laudatorio prólogo, regresa a la novela autobiográfica con el rotundo Pagando por ello, Memorias en cómic de un putero, que en España publica Ediciones La Cúpula.

A lo largo del libro, el autor relata pormenorizadamente las razones que le llevaron a convertirse en un habitual de los lupanares, a modo de diario recuerda cada una de las compañías que tuvo y, sobre todo, elabora una firme defensa de la prostitución como una forma de alcanzar la felicidad prescindiendo de la gran estafa del amor romántico. Desde Canadá, un divertido Chester Brown responde al teléfono para comenzar la entrevista negando sus propias palabras.

- He leído que afirma que el amor romántico, el tradicional, es "maligno", "demoniaco".
- ¿Lo dije?
- En el New York Times.
- Bueno, es posible. En realidad creo que diría algo así porque para mí el amor romántico está relacionado con la idea de poseer a alguien en exclusiva. El amor que experimentas con tus amigos sí te permite compartir, no sufres porque esa persona tenga otros amigos. Eso se parece más al amor verdadero, no tener relaciones exclusivas con una persona, quizá por eso considero el amor tradicional como algo negativo.

Todo cierto: en el comienzo de la novela Brown se autorretrata como un desengañado de la vida conyugal. Comparte piso con su ex novia pero no siente nada por ella salvo cariño. Incluso cuando ella comienza a llevar a casa a su nueva pareja, el historietista no se molesta en absoluto. Lo único que echa en falta es el sexo, por eso dibuja cómo empezó a plantearse la posibilidad de pagar por ello. "No estoy en contra de la idea de pagar por sexo. Los argumentos contra la prostitución nunca me han convencido" ... "La razón principal por la que nunca he estado con una puta es que me preocupaba más que arruinase mis posibilidades con una futura novia", se pregunta en las primeras páginas. Al final se atreve, marca el número, entra en la pensión ("espero que sea guapa", ruega para sí) y conoce a Carla, la primera mujer de una larga lista con la que tendrá sexo por dinero ("¡Es guapísima!").

Desde aquí, el lector asiste a los primeros titubeos ("¿me desnudo? ¿me tumbo?"), a su forma de adquirir destreza dentro del mundo de la prostitución ("esta no me gusta, debería irme") y observa cómo va pasando del convencimiento a la militancia a pesar de la negativa de sus amigos y personajes secundarios en el libro, Joe y Seth. Finalmente, Chester se convierte en un putero, en un feliz renegado del amor:

- ¿Cree que volverá a enamorarse de una mujer a la vieja usanza? ¿Entiende que los demás sí lo hagan?
- ¿En plan romántico? Oh, no, definitivamente no. Soy muy feliz con la relación que tengo ahora, que no es romántica sino sexual, con la chica a la que llamo Denise en el libro [una de las últimas prostitutas que conoce]. Sería un error decir que este es el tipo de relación que todos deberíamos tener. Todos tienen derecho a tener una relación seria, pero creo que podría ser bueno para un montón de gente en nuestra sociedad desprenderse de esa atadura, gente a la que veo cada día vivir insatisfecha con el amor. Yo no veo alternativa porque ese tipo de amor es una especie de ideal. La gente no lo piensa, se deja llevar. Dicen, "vale, este es el tipo de relación que debo tener porque todo el mundo la tiene, porque estoy predestinado a tenerla".

La relación de Brown con Denise es lo más parecido a una novia que haya tenido desde 1996. Confiesa el autor que, aunque durante todos aquellos años en los que anduvo con prostitutas fue muy feliz, hoy en día lo es mucho más. "Estaba a gusto acostándome con todas esas mujeres, pero la relación que tengo ahora es más satisfactoria emocionalmente. Brown habla sin tapujos, como lo ha hecho en su libro, que elude la pornografía pero que se recreea en todo tipo de detalles propios de la vida de un putero, de un "John", como se dice en inglés. De hecho, lo único que no es sincero en el libro es el título, demasiado flojo para su autor: "Hubiera preferido simplemente Me convertí en un putero, pero era demasiado directo según los editores, que no querían ni la palabra sexo ni la palabra putero en el título. No me importó".

El caso es que esos editores de los que habla tuvieron remilgos con el título pero no con el contenido del libro: "Estaban muy contentos con la parte cómica de la obra, pero no les gustaban tanto los apéndices, pensaban que eran innecesarios. Ahí no cedí, para mí tenían que estar", señala Brown, que a lo largo de las casi 50 páginas finales, sin abandonar el tono desenfadado, expone sus argumentos para que la prostitución no se prohíba ni se legalice sino que, simplemente, se normalice. Entre ellos, que no es más que otra forma de ligar, que los puteros no compran mujeres porque no las poseen ni las conservan (a diferencia de lo que sucede en las relaciones normales), que la mayoría de ellos no ejercen relaciones de poder con las prostitutas, y que si lo hacen es, tal vez, en la misma proporción que sucede entre los hombres que tienen relaciones normales con las mujeres, etcétera. El libro no escatima en razones y, de hecho, la prosa y el dibujo de Brown, esa naturalidad con la que cuenta su verdad, hacen de su biografía un argumento poderoso para estar a favor de este tipo de actividad. Desde luego, las reacciones en Estados Unidos y Canadá, donde ya se ha publicado, han sido muy positivas:

- Me da la sensación de que a todos los que han venido a conocerme en las firmas o encuentros les ha gustado el libro pero también he leído alguna crítica negativa de lectores. La verdad es que de todos los libros que he hecho es el que ha recibido una atención más negativa y a la vez, ya sabes, está recibiendo también mucha atención positiva.

- ¿Y sus protagonistas, las prostitutas, lo han leído?
- Alguna sí me lo ha comunicado directamente y me dijo que era muy bonito, y claro, la mujer con la que tengo sexo actualmente lo ha leído y le ha gustado. A través de internet también he leído a prostitutas valorando mi libro, así que parece haber una buena reacción entre la comunidad de trabajadores sexuales.

- ¿Ha recibido la crítica de algún colectivo feminista? Asimismo, ¿se considera un feminista?
- En general, lo que soy es alguien que defiende los derechos humanos en hombres y mujeres. Pero ¿un feminista como tal? No, no... Por otro lado, todavía no he tenido problemas con las feministas, los esperaba, pero no ha sido así.

De quien sí ha recibido alguna crítica ha sido de Joe Matt y Seth, a los que les gustó el libro, aunque con algunos peros: "Joe estaba un poco molesto porque piensa que no lo he puesto tan romántico como él es en realidad, puede ser que tenga razón... y Seth piensa que nuestro diálogo sobre la legalización de la prostitución no está demasiado bien, pero en general dice que es un buen libro".

Lo más curioso de este trío de comiqueros insignes es la forma tan diferente en la que se retratan los unos a los otros. En el último libro de Joe Matt, el excelente Consumido, es el propio Joe el que aparece como el más desquiciado, del que se caricaturizan los rasgos más excéntricos, como la tacañería, la obsesión por el cine porno, el onanismo compulsivo... En cambio Chester Brown es a ojos de su amigo todo cordura y seriedad y ningún lector podría pensar en las inseguridades, escarceos y opiniones que emanan de su propio libro: "Bueno, Joe quiere excentrificar su parte negativa y nos hace parecer a mí y a Seth como más estables y responsables de lo que probablemente somos. Todos lo hacemos", se justifica Brown, quien niega la posibilidad de que los tres puedan parir un proyecto común: "Hemos hecho algunos cómics por diversión, pero en mi cabeza no está publicarlos. Joe quiere que lo hagamos, aunque no creo que le guste oír esto. Tal vez en el futuro, pero no nos lo tomamos en serio, nos gusta trabajar en nuetros propios cómics".

Más hábil en el género autobiográfico que a la hora de contar historias de otros, Brown establece un paralelismo entre este libro y sus títulos anteriores, aunque reconoce que le gusta alternar géneros: "Por suerte no estoy obligado a elegir". No obstante, el que ahora publica es, describe, más "fuerte" que los precedentes. Para escribirlo se inspiró en el propio Matt, quien hace años dibujó en uno de sus cómics su experiencia con una prostituta: "Mi deseo era hacer un trabajo personal de la misma forma en que él lo hizo. Joe me enseñó cómo ser impactante hablando de tu propia vida y cómo tratar asuntos serios en el cómic. Él inspiró mi libro El playboy y también Pagando por ello". De hecho, la obra está dedicada a Matt, como también lo está el último libro de Seth: "Los dos hemos publicado este año pensando en él", confiesa para aludir a la conocida tendencia depresiva y apática de su colega.

En cuanto a la estructura, Pagando por ello es un ejemplo brillante de cómo convertir la vida diaria en cómic. Se basó en las notas que fue tomando cuando visitaba a las prostitutas, fundamentalmente para controlar su gasto y recordar qué compañías le habían gustado más. Y añade: "También otros puteros me recordaron algunos momentos. Como en una ocasión en la que charlando con un amigo me comentó que la primera vez con una prostituta ella le sugirió si quería ducharse y él se sorprendió. Entonces me acordé de ese detalle que ellas suelen preguntar". A modo de diario, con sus fechas, sus lugares y con capítulos que llevan el nombre de la meretriz de turno, el libro recorre una vida en la que el sexo y la amistad son los dos pilares. Y es aquí donde Brown alcanza su mayor destreza, a la hora de dar el peso necesario a cada uno y al tratar la sexualidad con la misma naturalidad con la que trata los paseos y las cenas con sus compañeros.

- No quería planos cercanos de penes o vaginas ni ser pornográfico. Quería dibujarme con cualquier mujer con la que estuviese desde la distancia. Decidí que fuera como es en la realidad: si se trataba de dibujarme en la cama con una chica evitaba los detalles secundarios, como los muebles de la habitación, etcétera, en los que no te centras cuando estás acostándote con alguien, por eso me dibujé con ellas sobre un fondo oscuro.

Todo cuadra, tanto la eliminación de esos detalles como la distancia que toma en las viñetas, un plano alejado que da cuenta de que el libro no va de pornografía. Podría haberlo hecho y, seguramente, vender muchos más cómics, pero no es el éxito lo que le interesa: "Claro que me interesa ganar dinero, pero más que nada hacer lo que me gusta. Me siento afortunado, me ha ido bien y parece que en Canadá y Estados Unidos soy una especie de figura importante en el cómic, que formo parte de esa corriente underground iniciada en los sesenta. Y, bueno, es agradable, y espero seguir ahí muchos años y que, de vez en cuando, se reconozca mi trabajo".



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