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Lo mejor de 2011: Arte Internacional

Sumario: Lo mejor del año

La discreción en el campo del arte contemporáneo ha sido la tónica general de las exposiciones internacionales, lo que contrasta con las grandes muestra de Leonardo da Vinci en Londres o de Edvard Munch en París. Lo mejor se ha visto en las Bienales de Sharjah y Lyon.


JAVIER HONTORIA | 30/12/2011 |  Edición impresa


Apunto de entrar en 2012, año de Documenta y de otras citas internacionales que empiezan a ya a suscitar el interés de profesionales y aficionados (la Bienal de Berlín de Artur Zmijewski, la Manifesta de Cuauthémoc Medina o la Bienal de São Paulo de Luis Pérez-Oramas), volvemos la vista atrás a lo ocurrido este año para constatar que 2011 ha sido más bien discreto en el ámbito del arte contemporáneo.

Se recordará este año por las dificultades económicas que han lastrado (y que lastrarán) la producción de proyectos ambiciosos y de las que nadie parece estar a salvo. La propia Bienal de Venecia vio mermadas sus opciones con un gran recorte, algo que no justifica la sonora decepción que causó la exposición de su comisaria Bice Curiger, una muestra vacua e intrascendente que sólo debió satisfacer a los grandes nombres del mercado del arte. Recorramos en estas líneas algunos de los mejores momentos del año artístico.

Instalación de Carol Bove en la Bienal de Venecia 2011


Bienales de Sharjah y Lyon.
En el mes de marzo, mientras la Primavera Árabe daba sus primeros pasos en Túnez y Egipto, arrancó en el Emirato árabe una estupenda edición de la Bienal de Sharjah, una exposición en la zona histórica de la ciudad que bajo el título Plot for a Biennial exploraba con notable éxito el complejo statu quo geopolítico. Una muy interesante representación de artistas de Oriente Medio -de la que muchos, especialmente los que se agrupan en torno al contexto libanés, están dando ahora el salto a Occidente- se dio cita en Sharjah. Lamentablemente, durante la bienal se hicieron públicos casos flagrantes de censura que provocaron la ira de los artistas locales, espoleados por el ambiente de insurrección que se extendía desde el norte de África mientras, al mismo tiempo, salían a la luz las terribles verdades que rodearon la construcción del Guggenheim en Abu-Dhabi cuyas obras, hemos sabido después, han sido interrumpidas. La Bienal en Sharjah constituyó un momento de extraordinaria energía, a la que se sumó una feria de arte, la de la vecina Dubai, ahora consolidada como referencia comercial en la zona.

En Lyon, de la mano de la argentina Victoria Noorthoorn, pudo verse A Terrible Beauty is Born, un proyecto bien urdido curatorialmente, poético y complejo, profundo y sugerente, con un planteamiento en el espacio de La Sucriére realmente logrado y una nómina de artistas alojados en los márgenes del mainstream. Podríamos decir que, en su coherencia argumental y en su escasa inclinación a dejarse engatusar por los mercados, la bienal de Lyon se situaba en las antípodas de la de Venecia.

Instalación de Imran Qureshi en la Bienal de Sharjah 2011


París o la pintura moderna.
Los grandes museos de París no han escatimado esfuerzos en su revisión de la pintura moderna. La exposición dedicada a Edvard Munch (Centre Pompidou) mostró una cara no muy conocida del artista noruego, con escasas alusiones a sus grandes hitos y una estupenda selección de pinturas, fotografías y tentativas cinematográficas de todas sus épocas que le representaban como un artista plenamente moderno, consciente de su tiempo, más allá de esa imagen de pintor ensimismado y atormentado ya tan manida. El Manet que presentó el Musée d'Orsay se detuvo con especial atención en la etapa más tardía del pintor, la menos conocida, y quiso también incidir en el excepcional papel que jugó en el desarrollo de la Modernidad. La que ha montado el Musée du Luxembourg en torno al pintor Cézanne, que puede verse hasta finales de febrero, está concebida desde la perspectiva de su trabajo en París, ampliando un registro que huye del encasillamiento en la Provenza.

Munch: Neige fraîche sur l'avenue, 1906


Londres marca el ritmo.
La feria de arte Frieze, muy deslucida este año, sirvió de gancho para atraer al público a Londres, que ofreció este otoño un abanico extraordinario de exposiciones institucionales. En la Tate pudo verse la gran retrospectiva de Gerhard Richter. Pese al excesivo número de obras, que atestaban las salas, la muestra recorrió todas las etapas en la carrera de un pintor poliédrico y esencial. En la Sala de las Turbinas, Tacita Dean realizaba su particular homenaje al cine, un medio que se extingue por la creciente obsolescencia del medio. La pieza generó división de opiniones. No es la mejor intervención que ha habido en la serie Unilever pero a mí me resultó seductora e hipnótica. Wilhelm Sasnal en Whitechapel, Anri Sala en la Serpentine Gallery y Gabriel Kuri en South London Gallery, confirman que Londres no sólo lidera el sistema del arte en Europa sino que, junto a Nueva York, marca el ritmo del conjunto global de la creación contemporánea. Y sólo un mes después de la feria arrancaba en la National Gallery una de esas exposiciones que los anglosajones llaman groundbreaking, la dedicada a Leonardo, con las versiones del Louvre y la propia National Gallery de la Virgen de las Rocas juntas por primera vez.

Gerhard Richter: Reader, 1994


Historia en Estados Unidos.
Sin ningún atisbo de duda, el proyecto más ambicioso que se ha podido ver en Estados Unidos es Pacific Standard Time, un conjunto de hasta 60 exposiciones que pretendió, desde un ánimo académico impulsado por la Fundación Getty de Los Ángeles, reconstruir lo que había ocurrido en California desde el fin de la segunda guerra mundial. La práctica totalidad de las instituciones se volcaron con el proyecto, en el que destacaron exposiciones como Pacific Standard Time: Crosscurrents in L.A. Paintings and Sculpture 1950-1970, en el propio Getty Center o State of Mind: New California Art, circa 1970 en el Orange County Museum of Art.

Fuera de California destacó la individual que el Walker Art Center dedicó al artista holandés Mark Manders, uno de los creadores más interesantes del panorama internacional, o la esperada retrospectiva (¿por qué tanta espera?) sobre el pintor Willem de Kooning en el MoMA. También en Nueva York, en el PS1, pudimos ver la exposición September 11, que conmemoraba los ataques. El riesgo de caer en obviedades y sentimentalismo era grande, pero su comisario resolvió con inteligencia el asunto, con obras de arte anteriores a 2011 a las que había que mirar a través de la conciencia de los ataques.

Ellsworth Kelly: Ground Zero, 2003 (September 11, PS1, Nueva York)




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