ROCÍO DE LA VILLA | Publicado el 23/03/2012 | Ver el número en PDF
Tres esculturas y una docena de dibujos componen esta pequeña pero importante exposición de José Pedro Croft (Oporto, 1957). El artista luso ha llegado a la madurez, con lo que esto implica, al retomar anteriores estrategias y avanzar con firmeza segura frente a los riesgos. Con más escenografía, ahora da otra vuelta de tuerca a sus dislocaciones, acentuando sus características tensiones espaciales hasta incomodar a los visitantes. Croft responde a lo esencial en estos tiempos: no renunciar a confrontarnos con formas y volúmenes que nos desafían con su elegancia y fría ironía para describir el presente.