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Del Oeste

Por Juan Palomo
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JUAN PALOMO  | 20/04/2012 |  Edición impresa


Fue un privilegio, sí, ver a Sir Raymond Carr llegar en su silla de ruedas a la residencia londinense del embajador español en Reino Unido para recibir I premio Fundación Banco Santander de las Relaciones Hispano-Británicas, y estar ahí, escuchando al que tanto debe la convulsa historia española de los siglos XIX y XX. Le acompañaban sus colegas John Elliott, que en septiembre publicará Haciendo historia; Paul Preston, que confesó que la historia de España, “ahora normal, ya no es ‘tan sexy' para los ingleses”, y Hugh Thomas, que recordó la noche en que conoció al maestro, “los dos bailando en la pista de una disco del Soho”. Hubo tiempo, como ven, para la chanza.

Me encuentro en el recién editado Mirar de cine (Notorius), de Garci, con un capítulo que me ha dejado más que nostálgico. Se titula “Un western de Mingote” y recuerda el director de El Crack su lectura de la novela Los revólveres hablan de sus cosas. Su relación con José Luis Dibildos, el guión de Españolas en París o el cercano recuerdo de Edgar Neville descubren también a un maestro de nuestro cine.

La fiebre del Titanic lo ha inundado todo hasta el hastío, pero no me resisto a contarles que Javier Pérez Andújar fue uno de los responsables de la versión española sobre el buque que Salvat lanzó hace años en fascículos. El gran reclamo era un trozo del barco, y Andújar, que revisaba las pruebas de imprenta, descubrió que la mano que aparecía fotografiada con la pieza de la semana siempre era la misma, y no muy pulcra. O sea, que hasta el número 90 las uñas de la mano fueron creciendo y ennegreciéndose, hasta que en el 91 apareció la misma mano, pero niquelada, previo paso por manicura.

El New York Times le ha dedicado una página a Pitingo, que tuvo que cancelar un concierto en Manhattan por despertar las sospechas de los aduaneros del aeropuerto. El caso de Antonio Manuel Álvarez Vélez, como reza su pasaporte, no es el único, lo que ha provocado que las solicitudes de visado de artista a EEUU hayan disminuido en un 25% desde 2006. El costoso papeleo está repercutiendo seriamente en las giras internacionales. Tanto que la famosa orquesta Hallé de Mark Elder ha decido no visitar el país de momento.

Carlos Saura celebró en enero sus 80 años en medio del sigilo acostumbrado. El genio vive retirado de la vida mundana en su casa de la sierra madrileña pero continúa en activo. Tras la casi invisible Don Giovanni, regresa con un proyecto producido por Querejeta, con el que firmó sus años de gloria, y es de los gordos: 33 días, que son los que tardó Picasso en pintar el Guernica. Antonio Banderas y Gwyneth Paltrow, como Dora Maar, serán los protagonistas. Espero que corra mejor suerte que aquel biopic sobre Dalí que jamás llegó a prosperar por problemas con la fundación. Si nada se tuerce, el rodaje comenzará en agosto entre París y Guernica.




Sir Raymond Carr, José Luis Garci, Pitingo y John Elliott


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